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Sacar dinero de una desgracia.

Tras la muy reciente tragedia del tren descarrilado este domingo se han cortado las comunicaciones ferroviarias entre el sur y el resto de España.

Esto ha hecho que las alternativas, como el avión y los coches de alquiler, hayan subido su precio de manera muy considerable.

Respuesta de la gente: indignarse porque se está haciendo dinero con la desgracia.

Sin embargo, la realidad es otra. Los precios suben porque donde antes querían volar 100 personas ahora quieren hacerlo 1.000.

Si los precios se mantienen, habrá 900 personas que se quedarán sin volar. Tendrán que ponerse a la cola y eso les llevará días, si no semanas.

Alternativa: dejar que el sistema de precios de libre mercado funcione. La subida de precios hará que las compañías de alquiler de coches lleven más vehículos a las provincias afectadas y que las compañías aéreas retiren vuelos de unas ciudades para destinarlos a las ciudades afectadas.

¿Qué sería lo justo? Mucha gente cree que se deberían mantener los precios, pero en ese caso la oferta de transporte no aumentaría. La gente tardaría más en llegar a su destino.

¿Quizás las aerolíneas deberían llevar los aviones a las ciudades afectadas sin subir su precio? ¿Deberían hacer lo mismo las empresas de alquiler de coches?

Pero si no hay precio... ¿cómo sabemos cuáles son las ciudades que necesitan más aviones? ¿O cuántos coches hay que llevar a Sevilla y cuántos a Málaga?

Las empresas no se estarán forrando ni sacando tajada de esta desgracia. Están dando un servicio a gente necesitada. Sí, a un precio mayor, pero porque el coste también es mayor.

Imagínese la compañía de alquiler de coches pagando conductores y horas extra para trasladar vehículos a esas ciudades afectadas y dejando de alquilarlos a otros clientes en su ciudad de origen. Aplíquese el mismo razonamiento a los aviones.

Pueden surgir muchas dudas y sentimientos encontrados en esta triste situación. Si bien yo no tengo espacio para desarrollarlo aquí, quien quiera profundizar más puede acudir al libro: “4.000 años de controles de precios y salarios”.

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